jueves, 25 de julio de 2013

VIEL TEMPERLEY II



El verde claro

Entre el faro y la espuma y los peñascos verdes
     una de las mujeres nos enseñó más todavía:
Nos enseñó que los viejos elefantes marinos
que tienen que apartarse de las hembras
     Frotan sus penes contra los pequeños
     elefantes marinos
sujetándolos con una aleta

    Yo le conté otra historia:
Hace muy poco conocí a un nuevo monje de clausura
     que escribe himnos para los oficios
     Pero no solo escribe letra y música
También los firma y además los canta
     con buena voz
tocando bien y solo la guitarra

Pero así no vamos a ninguna parte!
Soñé con algo más cercano más posible:
El otro y yo somos dos bolsas de color verde claro
     unidas por un cordón umbilical
y de nuestras sombras de color verde claro
     Huyen los tiburones
mientras nos hundimos en el mar verde claro
     en el aliento
Verde claro del mar cerca del África

Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos
     hacia la costa lentamente
y que de nuestras sombras huían los tiburones
Porque habíamos caído de una goleta virgen
     Y que el verde claro
Era tal vez aquella frase dada vuelta
     “Si me enseñaras qué es el verde claro…”
Era ese vientre blanco de goleta
      que sin dolor y sin descomponerse
      Se había dado vuelta
para dejarnos caer cerca del África

      Y el viento nos drogaba
Y no íbamos a ninguna parte
      Yo pensaba en el monje
      que cree que es poeta
y cree que está en la punta de todas las penínsulas
      cuidando el fuego del silencio
      mientras canta
Y ya que no podemos hacer la verdad que hace falta
     “Que grite la goleta virgen
       y que nadie maneje la materia” pedimos

Afuera vi caer el guante de su mano
       y lo miré sobre la arena:
        la cabritilla nueva
Los cordones como cordones umbilicales
El pulgar como un elefante marino recién nacido
        Junto al cuerpo abultado de una hembra
Entre el faro y la espuma y los peñascos verdes
        y le dije:

Mira en silencio el fuego un monje vanidoso
        y hace frío en la ruta
        por donde pasa el ómnibus
Pero siempre los viejos elefantes marinos
        frotan sus penes contra los pequeños
        elefantes marinos
Y un guante de boxeo cae sobre una península…



(De Legión Extranjera, 1978)

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