jueves, 25 de julio de 2013

MIGUEL ÁNGEL BUSTOS I



ARCHIPIÉLAGO DEL TEMBLOR

Sube el mar sala las arenas incendia las hierbas con soles caídos en sus aguas.
Yo quiero habitar una tierra que tiemble como un pulmón de niño. Que lance frutos hacia los cielos cruzados por pájaros de vidrio en sangre y plumas.
Cuando muevo la lengua buscando palabras como uvas bebo su alcohol que invade mis venas como un beso de labios vacíos. Oh mis palabras mis niñas.
Vayamos al Archipiélago Santo del Temblor, a sus piedras sus mármoles helados que rayan ríos violetas contra selvas negras como coágulos.
Oye la luna abrir el cielo de mercurio.
Mira las estrellas los verbos incendiados como hablan dan a boca la nueva lengua del millón de letras de pocas letras. A sus espaldas quiebran columnas de Galaxias, cristales habitados que esperan una lengua para nacer In Gloriam.
Corta el aire un puñal de verbos mi lengua es su niña. Bajo el aceite alucinado del mar mi boca devora peces espesas catedrales parlantes.
Yo sé tu cifra, tu cifra oculta abismo de los cielos.
Mi palabra-vientre de la profecía, estamos en las Islas Verbales. Cuando sea la noche, la noche libre del verbo futuro, detenidos en el abrazo con una mano apenas en tu cuerpo soportemos el alarido que hiende el Universo. Demos nuestras bocas templos azules atravesados por claros.
En la cruz el idioma espera la lanza que hiera su costado visionario.




(De Visión de los hijos del mal, 1967)

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