ARCHIPIÉLAGO
DEL TEMBLOR
Sube el mar
sala las arenas incendia las hierbas con soles caídos en sus aguas.
Yo quiero
habitar una tierra que tiemble como un pulmón de niño. Que lance frutos hacia
los cielos cruzados por pájaros de vidrio en sangre y plumas.
Cuando muevo la
lengua buscando palabras como uvas bebo su alcohol que invade mis venas como un
beso de labios vacíos. Oh mis palabras mis niñas.
Vayamos al
Archipiélago Santo del Temblor, a sus piedras sus mármoles helados que rayan
ríos violetas contra selvas negras como coágulos.
Oye la luna
abrir el cielo de mercurio.
Mira las
estrellas los verbos incendiados como
hablan dan a boca la nueva lengua del millón de letras de pocas letras. A sus
espaldas quiebran columnas de Galaxias, cristales habitados que esperan una
lengua para nacer In Gloriam.
Corta el aire
un puñal de verbos mi lengua es su niña. Bajo el aceite alucinado del mar mi
boca devora peces espesas catedrales parlantes.
Yo sé tu cifra,
tu cifra oculta abismo de los cielos.
Mi
palabra-vientre de la profecía, estamos en las Islas Verbales. Cuando sea la
noche, la noche libre del verbo futuro, detenidos en el abrazo con una mano
apenas en tu cuerpo soportemos el alarido que hiende el Universo. Demos
nuestras bocas templos azules atravesados por claros.
En la cruz el
idioma espera la lanza que hiera su costado visionario.
(De Visión de los hijos del mal, 1967)
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