viernes, 26 de julio de 2013

GAMALIEL CHURATA I


V
EL VUELO DE EL PEZ DE ORO

Esta en mí; no en la tumba.
Siento. Vivo.
Flotamos en aire denso, de aceite. El aire nos sustenta y el aceite nos permite respirar. Oxígeno nutritivo alimenta la vejigación bronquial. Pero nó oxígeno del aire; nó del aceite. Recuerdos del aceite de la sangre; pulmonares recuerdos que bombean el corazón. Nos basta: el recuerdo del oxígeno puede ser sino oxígeno.
—Respira, guaguay.
—¡Piupiu-titit!
No aspira, no instila, no respira, no expira. Pero es pira. ¡Padre!
Ya no le veo; que el viento nos arrastra. ¡Padre! ¿Le vi? ¿En el mundo? Qué no pesar pensar. ¿Soy el Todo del mundo y el Mundo está en el Todo? Me palpo impalpable, Soy el Eter que impalpable se palpa. No hay reme. dio: no me sé y soy. Y tanto, que si no en dos, en tres, en cien, en mil, en millón, no soy, Ahora descubro que la mala bestia hace abstracto al granito porque no le sabe en el pálpito impalpable y que su pobre gravosa alma tiene el impalpable pálpito del granito, Comprendo por qué por el bonso reza su máquina; que ni aun rezando el tonso reza por el intonso; por qué el sabio Oso por melómano es melífago; por qué el nelumbo sacro se erizo de risa.
Comprendo; luego, nó aprehendo.

* * *

Nos acribillan microscópicas puñaladas. No importa: soy la parte infinitesimal de una chispa de electricidad con la misma energía aislada que alumbraba mis huesos; y desde un punto magnético del Universo imparto tuerza y concentro energía. Mas El ya me es ido. ¡Padre! Le indago; le husmeo; le rastreo: no está. ¿Es que puede no estar? Nadie puede estar sin estar; si para no estar fue necesario estar; y quien estuvo está; quien estará, está. Y si no está, no fue, ni es; ni será. Si estoy es que soy; sino estoy...
—¡Kiii! ¡kikikiki!ki...
—¡Tú: Naya!
Nos absorve térmico movimiento depurador contenido en cápsula de éter. Dentro ella nos emulsionarán hasta integrar formas de la materia. Estoy en la masa y soy de la masa; es en mi que la masa es masa. Soy ego sólo en el naya. Soy pues el Universo; el Universo es sólo "ego”. Como logro ver donde vi. No viento ni adviento nos aislarán: le vi, le veré; nos vemos y veremos. Si las partes están en Nos, Nos podemos faltar de las partes. ¿Luego?

* * *

Siente, siente, cada vez más. Allí sabrás que eres unidad porqué en ti en todo momento se fragua utilidad. Soy en cuanto son; y son porque soy; y porque somos es posible el sér. Sólo porque me eres útil eres. Si dejaras de serme útil, se hundirla la vida. No estás más en ti que en tu prójimo, No te creas en los providenciales del rebenque: lo que no es masa no existe. La única posibilidad que tiene Dios de existir es que se aposente en mis talones. Cuando eje se es, se es masa. En masa soy organismo; en masa procreo; en masa soy espacio; en masa soy habitud de forma. La unidad es igual masa; y es ella la utilitaria. Así eres la masa útil.
—¡Hijo! ¡Hijo!
—¡Padrepiupiu!
Cuando le engendré me engendraba. No fue mi primera experiencia; no seré su última experiencia. Y si nada puede excluimos de la masa; sin disolver y negar la masa, estará en mí y estaré en El.
En la profundidad está la unidad de la masa.
Más allá de mi mis ojos miran; mi sexo hambrea; la manos contraen y distienden falanges. Que pies tengo ni cabeza. Y que si aquellos trajinan de su cuenta, es porque el libre albedrío es función de la célula; y sólo porque la célula es individuo conciente, la vida coordinación de fuerzas regidas por plan libremente admitido y concientemente regulado. La ley: sólo mande quien, pueda obedecerse: áurea sabiduría la de la célula. Gobierna ley dulce como el amor: la necesidad. La necesidad marcha en todos hacia todos. Eres sólo en tanto eres necesidad.
Siento que me tienen hambre: ojo, pubis, lóbulos, articulaciones, tejidos. Devórolos; y en aquel punto truena el Phuño: me tiene hambre. Devoro su lago, su Kancharani; su Waksapata, su Orko-pata; sus pastizales; sus crepúsculos... Se aquietan; ya me aquieto. Entramos en forma; somos unidad de la masa. A mis pies emerge el Khori-Puma. Me tiene hambre. Centellea; gruñe. Devoro al Khori-Puma: es sólo mi sangre.
Dentro él, e.l trino de El:
—¡Piupiu-titit!
Este carnicero bruto se ha comido el oro del Titikaka; al Príncipe Khori-Challwa...

* * *

—¡Hijo! ¡Hijo! ¡Hijo!
Ego: tú-multo. No puede El morir en Mi; si soy El y El es en mí. Si muere, me le como; si muero, me come. Eso tú-multo: .
Tú eres Naya. Masa: Vida.

* * *

Henos en la gota microscópica.
Yo, a ratos, El, en frecuencia, somos arrebatados a estado de langor en que la vitalidad parece adormecerse. Mi deber despertarle y obligarle a salir de mí y del Puma.
En toda célula debe funcionar una matriz; si funciona la vida. La nuestra se agita urgida por el parto.
—¡Le despertaré!
Antes despierte yo; si buena o malamente acaso duerma y sueñe. Algo fragua: ¡Padre! No estoy estando; no vigilio en vigilia; mas le vigilo vígile. ¿Sueño vivo en feto muerto? ¿Feto vivo en sueño muerto? Me disgrega fuga de proximidades.
—¡Hijo! ¡Hijo!
Si espero es que me falto y en algo vengo. Aprisionaré en el punto mi punto; que le
aprisionaré con ras dos manos, y sus diez dedos, y sus diez uñas, y sus diez hambrientas llemas.
—Entraré en El.
—¡Kiii! ¡Kikikikiki!
Las contracciones ovulares más frecuentes. Parto dentro del parto. Siento que sustancia liquida me posee; y poseyéndome nos posee. Le sacudo. .Lo inesperado es lo esperado.
¡Hijopiupiu! ¡Hijopiupiu!
No me turbo. (Formulajo de Renacuajo: "La poza no reposa". "Donde concentración, evulsión”. "El muerto... El muerto... El muerto...

* * *

Qué trabajo, Renacuajo; decir que él muerto no yerto. He aquí que el color de las cosas es la necesidad de calor de las cosas. (Deja tasajo al filósofo Renacuajo: "¿El color sobrenada? Color calor; o nada".) Ciertamente, el color es el rubor frutal. Comienzo de beso el rubor, y ya carga olor a feto. ¿No es con la divina trompa que la novia besa? En mí se ruboriza el infinito; en mí le inka el corazón; en mí sus rubores despiden azulina nubecilla de olores; en mí se dilata su latido peristáltico.
Renacuajo, tu verbajo.
(—Ajo... jo... jo... "A la probeta, pintor genial; a ver nacer genital tu pelea".)
Considerado con saggasé, qué barajo Renacuajo. Ella, tu paleta, tiene una matriz y debe padecer nueve meses. Pues, Padécelos con ella; si ella tu hembra; el calor de tu hembra; tu hijo: tu color. Tienes que darle la sustancia de tu sangre, el substratum de tu hueso. Que si tu hijo nó tu hijastro: y será lo que tú eres. No haya parónimos en tu lechigada. Dos 6óalos no tienen Universo; bien que lo sabes.
Y a entenderás las cosas de mi paleta. Perfumea mi azul cobalto en llamarada cárdena; se difunde en vaporaciones ébano. Y con su patético resuello hace oro al lloro.
—¡Inká! ¡Inká!
Khori- kancha: oro, oro puro, a 40°.
—¡Kiii! I Kiskiskiskiskis!
—¡Piupiu-titit!
El color ha revelado mi calor; y hiervo en aroma aurífero de trinos.
Héme aquí, de pie, en la matriz del infinito, orófilo y en aroma.

* * *

Acá, y en todas partes, como todas las partes están en El, está El. Por tanto, el punto El. En
El acaban linderos y murallas. En El abarcas la monstruosidad sobreestelar o llegas a la
monstruosidad intraestelar del protón. Lo mismo da que oigas o veas; calles y te oigan; caigas
muerto o te levantes nacido. Si eres infinito no tienes más que un sér: Y sér es ser El.
Callo a gritos:
Veo suspiros, resuellos, estertores, vagidos. Oigo el dulce olor de la madre. Ondas sonoras proyectan imágenes: Orko-pata, Kutimpu, Umayu, Tiwanaku. Saboreo lubricidad de embrión en las impaciencias del sonido. Estoy; estoy: adentro. Adentro, El.
—¡Hijo! ¡Hijo!
Oigo sebo; oigo lágrimas; oigo sudor vengador.
Habla la tierra muda. El Sol se arroba con aromas de la mamaja. Mis células se inflaman; tibieza me traspasa; humedad me penetra.
Tiembla El; se esponja; concentra las formas de EL PEZ DE ORO. Irradíole angustia; y hace gorgoritos:
—¡Padle! ¡Padle!
La temperatura se dirige a la medida. Tierra soy. Sólo "yo" es Ella en El. La flor perfuma en mí; el viento ruge en mí; el pantano es germinal en mí. Hace violencia por romper su encierro; y una bombilla: su Voluntad, se enciende.
Lumbrarada solar se dirige a la tierra.

* * *

Cromosomas.
Crecemos. La temperatura de la matriz se eleva.
Oigo el ¡Inká! ¡Inká! De un niño es el ¡ingá! Pero nó niño aún. Es la semilla que persigue diferencias en la masa. Compruebo que hacia El convergen espasmos que no puedo controlar. Le arrumo en el Naya y le amurallo. Rotamos en vértigo.
Renacuajo, tu trabajo:
(—"Haya muesca que habrá naya".)
—¡Kiii! ¡Kikikikiki!
Le bombardean lago, río, montañas, pampa.
Brama el Khori-Puma:
—Hijo, hijo, hijo, hijo, hijo... .
Le bombardea la necesidad: arrobo, lujuria, hambre, sed, alegría, amor. El Pez, ya felino antropomorfo, avanza, desnudo, nuevo en caverna. La noche péinale ébanos el pelo; le bañan torrentes aurorales; el cielo lluévele cascada de diamantes.
Mi germen le punge: ¡dolor!, ¡dolor! Tic, tac, tic, tac...

* * *

He aquí el común bombardeo geminal. Me particulariza con punciones que me arrebolan, fecundan y nutren; me siento prolífico.
Renacuajo, el latinajo.
(—"Mi yema se abre llema; y a la hora que Flora se desflora llema se hará yema".)
Avituallado para el destino, de la llema saldrán árboles.
Le daré la bondad del fruto;
el candor del perfume;
la melífuga del trino;
la unidad molecular de la roca;
el genio de la nube;
el tú-multo del viento;
la genésico del agua;
la gracia sonora del vuelo.
Áurea burbuja, EL PEZ DE ORO, ha insurgido; y es lo mío que esplende.
—¡Kiii! ¡Kikikikikikiss!

* * *

Acomete la tierra.
—¡Guagüítitay!
La caverna en su trino:
—¡Piupiu-titit!
Angústiase la matriz; el corión se contrae y elástica y tardará en romperse. Tela de araña, el saco ciego, se rasga. Borbota, gozozo, el matinal lácteo látex.
Quiero oír el gorjeo inefable:
—¡Inká! ¡Inká!...
O el viejo alarido de la piedra.

* * *

La urna maternal se ha fraccionado y de ella se desprende nubecilla microscópica de astros.
Succiona, amorosa, la tierra.
Le arrastro.
Soy ariete que rompe la capa oscura.
Penetro un mar sin fondo;
penetro un Pelicano sin fondo;
penetro un relincha sin fondo.
Grado a grado le penetro y me penetra.
No puedo escurrir la dentellada de famélicas tenazas; aferran mis neuronas y ordéñanles e! piro-láctea-látex.
—¡Kiii! I Kisklskiskis!
Son larvas de sus Sapos Nenglitos. Caigo sobre ellas con las cuatro manos del antropoide y las arrojo en blancos hectoplasmas a sus arterias.
—¡Kiii! ¡Kiskiskiskiskis!
Volveré al seno de la tierra; pero El será el Emperador del Palacio de Oro.
La velocidad es el peso de la necesidad.



(De El Pez de Oro, 1957)

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