jueves, 25 de julio de 2013

NÉSTOR PERLONGHER I


IX


OPALESCENCIA Y LIVIDEZ DEL RAYO, fumarola de jade en su derrame, arrastraba en su rienda una cohorte de erráticas divinidades. Luz Divina. Potlatch de luz divina en el concurso de las nereidas en las ondas, en las espumas de las orlas. El granulado del recame, en cada glóbulo un soutien, laminado de esquirlas, platinado, un alma granular, haciendo coro o eco en el mareado foco de las espesas traicioneras aguas. Espinas de las almas en las aguas, granuleos del pez por arroyuelos de acrílico nevado, cobra su jade en el jadeo, el doblón del jadeo en el doblaje, la sombra amara de los sueños. O en el revés de la puntilla, a la que los jadeos, por atenuar el retumbor, plegábanse, ¿no habitaba una anguila que, superando el foso, se transformaba en águila? O era el lagarto de las ruinas, por basurales espejados, deslizando su cola centelleante, para yescar en la fricción del fuelle la lisura del jade.



(De Águas aéreas, 1990).

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